Pues ya ha concluído en nuestro foro el I relato de misterio, en el que han participado: Hechicera de Luna, Templario, Dulcesol, Lamder y Jucar. Aquí os lo dejo.

Nunca imaginé que mis padres poseyeran tanto dinero para alquilar semejante caserón, una de dos, o les había tocado un premio millonario del que no era consciente, o aquella casa debía tener truco, quizás suelos apolillados, o tuberías que chirriaban en la noche por falta de uso y sus muchos años encima. No olvidaba lo justos que andábamos siempre a fin de mes, así que eso nos quedaba grande o simplemente no encajaba. Me pregunté si no tendría algo que ver con el nuevo trabajo que había conseguido papá en aquel pueblo. Qué yo recordara era en una serrería.
Llegamos poco después del amanecer, las primeras luces se colaban en el valle yendo todas a morir en el que sería nuestro hogar el resto de nuestra vida. La luz en los cristales regalaba a nuestros ojos multitud de brillos de colores, como si el arco iris se hubiera mudado con nosotros, no imaginé una bienvenida mejor.
La casa se encontraba en las afueras de una pequeña población cercana a la costa. Construida con un claro estilo victoriano, su figura alargada se alzaba majestuosa y también amenazadora o al menos eso me pareció a mí, por lo que no pude evitar sentirme sobrecogida (he dado por hecho que la protagonista es una chica) cuando nos acercamos a la entrada. Mi padre metió la enorme llave en la oxidada cerradura, y un insoportable chirrido se apoderó del silencio cuando la puerta cedió, abriéndose ante nosotros. Al principio nos quedamos en el umbral como si de repente un extraño miedo se hubiera apoderado de nosotros, mi padre fue el primero en entrar, y tras él mi madre y yo
Al atravesar el umbral, sentí que algo oprimía mi espalda, como una fuerza extraña, empujándome hacía dentro. En ese momento no presté atención y anduve hacía dentro siguiendo el curso de unos rayos de luz que coloreaban, juguetones, las paredes de madera de roble carcomido. Sin percatarme, en ese momento, de que eran debidos a unos cristales diminutos que dibujaban una tela de araña en una extraña vidriera que desde el exterior no era advertida.
Quedé seducida por todos aquellos objetos que en un principio tapaban unas sábanas blancas.
A mi derecha una puerta entreabierta llamó mi atención, me percaté que a diferencia de las otras estancias ésta proyectaba una luz mas clara, la curiosidad me pudo y cual fue mi ilusión al abrirla por completo... una gran biblioteca, ventanales enormes sin cortinas dejaban entrar toda la luz del mediodía, estanterías repletas de libros, lomos con letras bordadas en todos los tamaños y colores... llamo mi atención un atril, en una esquina erguido y señorial posaba entre sus brazos un enorme libro...
Soplé sobre la cubierta y descubrí su título,”El libro de los secretos”, estaba cerrado ante mi y me invitaba a descubrirlo. Miré que mis padres no estuvieran cerca, y me dispuse abrirlo, oí a mi madre canturreando mientras quitaba sábanas de los muebles a su ritmo constante de no saber parar quieta, estaría ocupada durante un buen rato, así que dejé a mi gato en el suelo y alce la mano. El contacto de la tapa aterciopelada y en principio, de aspecto aunque polvoriento, cálido, me desconcertó, está fría como la losa de un féretro. Una tras otra recorrí con mis manos sus páginas, todas y cada una de ellas estaban en blanco. Al cerrarlo sentí un escalofrío acrecentado por el maullido aterrador que soltó mi gato.
En ese momento, la puerta de aquella extraordinaria biblioteca se cerró de golpe, violentamente, provocando en mí un susto de muerte. No sé por que un sentimiento de claustrofobia se apoderó de mí, y percibí como un olor extraño invadía la estancia. No era desagradable, más bien todo lo contrario, pero sí era extraño que estuviera allí. Fui hasta la puerta y por un momento, cediendo a mi fecunda imaginación y al miedo que, debo reconocer, había hecho mella en mi ánimo, supuse que no iba a poder abrirla. No fue así, la puerta cedió sin ningún problema. Vi que justo enfrente, en uno de los descansos de la gran escalinata, una vidriera se encontraba rota, así que supuse que una corriente de aire era la que había provocado que la puerta se cerrara de repente. No obstante, de momento preferí no volver a la biblioteca y reunirme con mis padres, que debían estar sin duda explorando el resto de la casa. Advertí sin embargo que Thomas, mi gato, había desaparecido, debía haber decidido al igual que yo que era el momento de seguir conociendo la que desde ese día sería nuestra morada.
No me costó mucho encontrar a mi madre, ésta al mismo tiempo me estaba buscando por lo que nos encontramos de cara, me cogió de la mano y como en susurros me contó que había encontrado el dormitorio ideal para un niña de mi edad, fuimos caminando por el pasillo hacia la izquierda después de la escalera central, me comentó que sus habitaciones quedaban a la derecha pero que si creía que me sentiría sola podía escoger cualquier otra que estuviera en el ala donde ellos dormirían. Cada vez mi curiosidad por la alcoba se hacia mas grande.
Tercera puerta a la derecha, fácil, después investigaría lo que había en las habitaciones continuas, giró el pomo y su sonrisa se amplió cuando esperó ver mi reacción.... desde luego era preciosa, ni en sueños pude imaginar una habitación así... grandes ventanales sin cortinas que dejaban ver el lago y el jardín que lo rodeaba, los muebles eran blancos y la tapicería de los sillones a un precioso morado con punteados blancos al igual que la colcha de la gigantesca cama con dosel que dejaba caer una mosquitera pareciendo una femenina tienda de campaña... el escritorio con una lamparita en forma de hada... el armario empotrado, tan disimulado en la pared que costaba a primera vista encontrarlo.... una, dos, tres, cuatro puertas y cinco.. no! un aseo solo para mi...eso si que era emocionante... me giré y abrazándome a mi madre que aun esperaba le dije que era perfecta y dormiría allí.
A solas me dediqué un buen rato a abrir cajones y mover el escritorio para ponerlo enfrente al ventanal, al apartarlo apareció una puertecilla bien disimulada pero que vi al instante, sería mi escondite secreto para mis cosas privadas y así mi hermano Zacarías no me tocaría de nuevo mi diario... la abrí y estupefacta me quedé al ver unas escalinatas que no se a donde bajando me llevaban. Entré de nuevo en la biblioteca en busca de Thomas, ese gato travieso siempre elegía los peores momentos para ir por su cuenta, al entrar en la biblioteca me quedé fosilizada, el libro estaba abierto de nuevo sobre el viejo atril, estaba segura de haberlo cerrado miré la página abierta y vi que algo había escrito.¡Imposible!, ¡lo había revisado prácticamente hoja por hoja, estaba en blanco!
En el centro aparecía escrito: Al final de la escalera.
Me quedé por un momento perpleja, quien demonios había escrito aquellas palabras... dudo que Zacarías escribiera nada pues mas bien era alérgico a los libros...
Noté a mis pies las conocidas caricias de Thomas y me alegré de que me hiciera compañía, al cogerlo se negó... maullaba y me conducía... quizás necesitara el arenero... lo seguí y en el salón empezó a correr dirección a un espejo gigante, como si fuera una puerta entró dentro... no sabia si reír o llorar, pero mi imagen en el espejo tomaba vida propia y alzaba a mi gato, lo abrazaba y él se dejaba... aquella imagen, copia de mi, se adueñaba de Thomas y me sonreía... vi como se alejaba hacia las escaleras ... poco a poco las subía....me miraba, la observaba... giró a la izquierda y entró en mi habitación, antes de cerrar la puerta se detuvo y con una alegre sonrisa se despidió.
Bajé poco a poco los peldaños cuando comencé a escuchar las primeras notas desgarras de, lo que rápidamente identifiqué como, un violín. Pisaba despacio y mis movimientos eran lentos, estaba asustada y a cada paso, la vieja madera apolillada de la escalera crujía bajo mis pies. La escalera de caracol no ayudó a que mi corazón dejará de latir a toda prisa, en cada recodo, creía que algo iba a aparecer ante mi, sin embargo, no era capaz de dar la vuelta y salir corriendo, algo más poderoso que yo misma, me empujaba a bajar, a seguir el sonido de aquella música hipnotizante.
Lo que pude ver por el espejo me estaba desconcertando... era yo misma en mi habitación, bajando las escaleras que yo misma descubrí no hacia mucho rato... no entendía... qué estaba pasando?, parecía que la imagen del espejo tomaba vida... mi vida.. y yo? en que lugar quedaba yo?...
Giré sobre mis pasos y de vuelta a la biblioteca me tropecé con mi madre... pasó por mi lado, casi me rozó y ni siquiera me vio... ¿¡ mamá?!..no me oía... corrí a su lado y la toqué... o eso me pareció, ya que mis manos danzaban en el aire y apenas el viento mecían.
Qué me esta pasando?
Corrí a la biblioteca, allí en el libro blanco había mas palabras... frases escritas con vete a saber que mano... "un solo cuerpo para dos almas"
Rompí a sollozar,estaba realmente asustada, no sabía que me quería decir ese libro, o si alguien se estaba riendo a gusto con aquella broma macabra, no pude imaginar quien, ni mi hermano ni mis padres me hubieran hecho algo así. Parecía como si la tarde declinará hacia su fin,sin embargo, ni siquiera recordaba haber comido, el día se me había pasado en un suspiro y parecía que mis padres ni siquiera me habían echado a faltar. Cerré el maldito libro, y le pegué un puñetazo en la cubierta. Unas chispitas luminosas surgieron de mi mano…

El violín seguía sonando , había comenzado suave, probablemente tocando un adagio, pero a medida que mi corazón se aceleraba y seguía bajando tramos de la escalera, el violín parecía seguir mi ritmo, como si me intuyera, habíamos pasado de un andante a un allegro, ahora que discernía el último recodo de la escalera, la música sonaba presto, como si supiera la tensión que me embargaba a toda velocidad...

Me sentí tan agobiada de repente que necesitaba un poco de aire fresco. Salí a la calle y me senté en el tocón de un árbol cercano. ¿Qué era todo lo que había ocurrido en aquella biblioteca? ¿Me habría quedado dormida y habría soñado todo aquello? ¿Estaría mi imaginación jugándome una mala pasada? Las preguntas se agolpaban en mi mente pero no encontraba ninguna respuesta, sólo la certeza de que no se trataba de ningún sueño, que “aquello” había ocurrido realmente.
Se levantó un desagradable viento que mecía las copas de los frondosos abetos que rodeaban la casa. Pese a lo desapacible del tiempo, de momento necesitaba respirar aire puro, antes de volver a entrar en la casa.
La rodeé y descubrí una desvencijada y oxidada valla metálica que acotaba una parte del terreno. Me acerqué, abrí la pequeña puerta con un estruendoso sonido metálico y entré. Una lápida se recortaba entre dos árboles, me acerqué y con mi mano intenté limpiarla de la tierra que casi la cubría por completo, leí la inscr¡pción: “Mary Wilcott, 1.868-1.880”

El olor a humedad saturaba mis sentidos... pero no me desagradaba, me hacía recordar la bodega de mi abuela en la que siempre trabajaban, pero aquello no tenia nada parecido a aquello... el violín dejó de sonar como si la arqueta no encontrara las cuerdas que frotar, el silencio se hizo espeso, casi diría yo como el ambiente, me paré en el último escalón para adaptar mis ojos a la luz, que extrañamente salía a borbotones por un ventanal de colores.
Era de diminutas dimensiones y ordenado y limpio, parecía habitado... pero estaba sola.
A la derecha una estantería repleta de libros, eran antiguos, cosidos a mano, los lomos anchos dejaban espacio para sus letras, unas rojas otras plata.
Una mecedora, un diván, un caballete en el que tapado reposaba un cuadro.
Me acerqué a los colores del aquel vitral, que era curioso por solo tener colores en sus formas geométricas y no haber ningún tipo de asunto religioso o histórico como había visto en algunas iglesias, el color amarillo me dejó ver la calle.... unos abetos tremendamente grandes ocupaban parte del paisaje, al fondo, detrás de una valla metálica y oxidada me vi a mi misma.... contemplando una lápida.
En ese mismo instante el violín volvió a tocar a la misma marcha que el ritmo alocado de mi corazón. No me dio tiempo a pensar en si la chica que miraba la lápida era yo o alguien que se me parecía, por que el sonido del instrumento hizo que me girara velozmente. Entonces la vi, la mecedora se movía acompasadamente pero su respaldo era tan alto que no podía ver quien tocaba, indudablemente el sonido provenía de allí. Me acerqué cautelosa, casi se podía escuchar más el asustado ritmo de mi respiración que mis pasos sobre el viejo suelo.
Cuando toqué el respaldo de la mecedora el violín cayó al suelo, ningún ruido, ninguna palabra, y los cinco segundos más largos de mi vida hasta llegar al frente de la mecedora.
Frente a mi se encontraba una chica, con mi mismo cabello, el mismo corte, el mismo…era yo, muerta, momificada! no sé si me dio tiempo a gritar porque salí corriendo escaleras arriba, sin otra idea en la cabeza que escapar de esa visión, de mi misma…
Sin dudarlo subí las escaleras como alma que lleva el diablo, la puerta estaba cerrada, no podía abrirla, empujé con todas mis fuerzas pero era como empujar un muro de cemento, la angustia me oprimía el pecho, me dolía, me faltaba la respiración y sentía mis piernas que se doblaban.
Había estado mirando la fecha y el nombre de la lápida tan ensimismada y con profundo respeto, que me costó reparar en la foto que había en el centro. Era una muchacha de mi edad, tan parecida a mi como dos gotas de agua, sentí una punzada de miedo en el pecho, no me hacían ningún tipo de gracia esas casualidades. Unas pequeñas y débiles gotas de lluvia cayeron sobre mi rostro, levanté la vista al cielo, y vi que este se cerraba por las nubes, que parecían llorar por el alma de la chica muerta. Había llegado la noche y nadie me había echado a faltar. Entre en la casa y busqué a mi familia, no pude encontrarla por ningún lado.
Volví a la biblioteca esperando que el libro me diera alguna pista de que estaba ocurriendo. Lo abrí y otra frase ocupada sus páginas: Estás detrás del espejo…
Me acerqué al gran espejo que presidía, de cuerpo entero, una de las paredes de la biblioteca, miré y sólo pude ver mi reflejo, tenía los calcetines bajados, así que me agaché a subírmelos . al incorporarme, me pareció ver un movimiento dentro del espejo, me acerqué y me vi a misma aporreándolo como si estuviera atrapada dentro y quisiera salir.No sabía si eso era una visión premonitoria, o alguien o algo había atrapado mi alma dentro…por eso no encontraba a mi familia???Por eso no podía ni verlos ni verme??? Golpeé el espejo a la vez que mi alma, mi reflejo o lo que fuera aquello lo hacía, caí agotada en el suelo sin saber como salvarme pero intuía que era yo la atrapada, y que si no me sacaba de ahí quedaría apresada para siempre en una espiral sin fin.
Cogí carrerilla y me lancé contra el espejo. Una de dos, o lo rompía y me salvaba o me mataba incrustando mi cabeza dentro.Nada de eso ocurrió, mi otro lado, la que me aguardaba detrás debió intuir mi acción por que ella también retrocedió y corrió hacía el muro que nos separaba. El espejo no se rompió sino que ambas nos fundimos en una. No quise mirar al libro más, ya no importaba que pusiera, sólo quería encontrar a mis padres, ahora que éramos una, supuse que existiera esa posibilidad. Me lancé a una carrera desenfrenada por la casa gritándoles y buscándoles, pero nadie atendió a mis llamadas, vi que las maletas habían desaparecido del vestíbulo y que la casa parecía aparentemente vacía. Corrí hasta la puerta de la calle e intenté abrirla estaba cerrada con llave. Volví a la biblioteca y desde uno de los ventanales vi a mis padres , mi hermano y esa otra que no era yo avanzando hacía el coche, mi padre metía las maletas. Se iban y se llevaban a eso…que no era yo y me dejaban allí ,sola para siempre…La chica se dio la vuelta, pude ver su sonrisa maléfica, saludo despidiéndose de mi, las puertas del coche se cerraron y mi padre arrancó.

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